Quiero ser florista - Violeta Gladstone
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Quiero ser florista

Y así empezamos todas y todos, con una ilusión, un sueño y un escucharse a uno mismo para acabar decidiendo que quieres ser florista. En la gran mayoría de casos, o mejor hablo de mi caso que es el que conozco bien, este deseo nace a causa de un hartazgo real con la profesión que llevaba años desempeñando. Si juntas el hartazgo al trabajo de siempre y alguna cuestión personal dura pues una acaba dando el paso.

¿Y por dónde empezar? Sabía que me gustaban las flores, me aburría trabajar siempre en lo mismo y sobretodo necesitaba sentir pasión por lo que hacía. Lo primero que pensé es que tenía que formarme y así lo hice y sigo haciendo. Ahora no me enrollaré en cómo puede una formarse porque ya hablo de ello en otro post (leer aquí) y os aburriría mucho si me repito. Lo que sí os advierto es de que la formación floral, como todas, es muy importante y también cuesta una pasta, bien porque vas a una escuela, haces monográficos o te formas tu misma. La flor no es barata y el saber tampoco.

Así que con una base de estudios florales, pasta y tiempo, al menos ya era una aprendiz de florista y eso ya era algo. He de admitir que ya solo esto, para mi, fue un enorme reto y cada vez tenía más ganas de seguir, de explorar hasta dónde podía llegar con las flores. Ahora puedo decir que, difícilmente, este es un camino de retorno. Una sabe cuando empieza con las flores pero nunca cuando acaba. Y no sólo me refiero a la formación sino al trabajo que conlleva ser florista.

Y es entonces cuando quieres echarte al ruedo, probar aquello que has aprendido, retarte aún más y cometer todos los errores necesarios para avanzar. Claro que hablo desde mi punto de vista y mi carácter, a la que los retos le ponen y siempre quiero más. Sé también de unos cuantos que se quedaron en el camino, porque ser florista requiere de mucha energía y en todas partes hay muchísima competencia, por lo que necesitas mirar hacia delante y seguir, si es realmente lo que quieres. Esto es lo que más paraliza a todos, saber que hay mucha gente haciendo lo mismo, no sentirse suficientemente creativo, no saber por donde empezar, no saber lo que cobrar y sobretodo los miedos internos que no nos dejan avanzar y nos hacen sentir inseguros.

Nadie nació sabiendo y nadie sabe lo que será de su vida. Pero entonces, ¿me quedo donde estoy o al menos lo intento? Esto no es un TedX Talk ni un discurso motivacional sino un escrito en el que comparto porque creo que es importante mostrarnos humanos, para poder entender que la vida no es un camino de rosas y que todos pecamos de lo mismo. Es un escrito que espero que ayude a otros a tirar millas para hacer lo que realmente les gusta, a pesar del miedo y las complicaciones que comporta cambiar de profesión en cualquier momento de la vida.

Hecho este paréntesis de porqué escribo esto, sigo con mi narración de lo que supuso para mi querer ser florista.

DISFRUTANDO DEL PROCESO

 

Comencé a hacer pruebas y más pruebas. Si quería hacer algo, compraba flor y lo intentaba una y otra vez hasta que lo conseguía. Con ello aprendí a combatir la frustración de no saber hacer algo, el miedo a meter la pata cuando hubiese un encargo real, la incógnita de cuantas flores y verdes necesitaba para cada cosa. Comencé a familiarizarme con los tipos de flores según temporadas, con las calidades de ellas según su lugar de origen o proveedor, aprendí las variaciones en los precios, descubrí los tiempos necesarios para diseñar cada cosa y fui desarrollando, poco a poco, la capacidad de diseñar lo que me propusiese. Lo más importante, para mi, de todo este proceso es que aprendí a combatir el miedo a lo desconocido, cogí fuerzas para mostrar al mundo y a mi misma que yo sí podía, que sí me lo proponía lo conseguiría.

Durante el mismo periodo de tiempo también decidí aprender de otros, trabajar como freelance. Al principio trabajé a cambio de experiencia y eso me ayudo mucho a ver como otros hacían, a quitarme miedos y a descubrir las muchas maneras de hacer que tienen diferentes floristas. Además, es la mejor manera de darte a conocer en el sector e ir creando equipo, lo cual es muy pero que muy importante.

Trabajar para otros es un placer en muchos sentidos. Al principio genera bastante inseguridad porque no sabes si vas a estar a la altura pero, créeme cuando te digo que, quien contrata a otros ya sabe que nivel tienen y que funciones pueden desempeñar por lo que es un “espacio”de aprendizaje excelente. Yo aconsejo estar muy despierto cuando trabajas para otros, tener muy claro que es lo que esperan de ti y darles lo que necesitan. Aprenderás, no solo a ejecutar o copiar lo que te digan pero también aprenderás cómo se manejan otros, cómo afrontan un encargo, cuánto personal necesitan, cuántas flores compran y cómo lo llevan a cabo. Ten en cuenta que los tiempos de los que disponemos los floristas para ejecutar un encargo son muy cortos y la confianza en el equipo es una de las cosas más importantes. Si cuando hacemos de asistente somos una valiosa ayuda, ten por seguro que otros lo serán para ti también cuando los necesites.

¡Vamos al lio!

¿QUÉ SUPONE TENER TU PROPIA EMPRESA DE DISEÑO FLORAL?

 

Pues mucho más de lo que una tenía pensado, comenzaron las largas jornadas de planificación y preparación. Necesitaba crear una identidad, buscar un nombre, hacer un logo, crear una web y lo más importante, crear un portafolio de mis tranajos. Cualquiera que ha pasado por esto, sabe que es como un parto, una mezcla entre emoción y dolor pero, al final, siempre sale.

Poco a poco fui creando un buen portafolio contando con excelentes fotógrafos/as. Soy una apasionada de la fotografía y creo que gran parte de mi trabajo luce gracias al ojo de estos profesionales con los que he tenido la enorme suerte de colaborar. Son ellos los que inmortalizan todas mis creaciones y se genera un diálogo muy interesante entre nosotros que hace que todos los proyectos adquieran un carácter muy personal, fruto de este diálogo.

Luego empiezan los encargos, y por suerte, desde que comencé no he parado y cada uno es bien diferente del anterior. En el camino me tuve que plantear qué es lo que realmente quería hacer yo, cuál era la parte de diseño floral con la que yo disfrutaba más y qué podía aportar. No quería quemarme porque consideraba, y sigo considerando, que para poder rendir y hacer bien mi trabajo no puedo perder la pasión. Poco a poco, pude comenzar a  filtrar los encargos que me entraban y eso, evidentemente, me ha cerrado algunas puertas pero definitivamente, haciendo balance, los encargos que sí que hago me llenan enormemente y eso se nota.

Creo haber desarrollado una forma muy personal de mostrar mi trabajo y de afrontar un encargo y eso hace que los clientes que me contacten suelan tener claro que puedo ofrecerles y esa confianza es lo más valioso de mi trabajo. Soy muy consciente de que diseñar para alguien es muy diferente a diseñar para una misma y satisfacer las expectativas de los clientes es algo que me motiva mucho porque sé que la confianza es la base de todo y me siento honrada de que me hayan elegido a mi.

SER FLORISTA ES DURO

 

Pero no todo es tan maravilloso como parece. A mi también me entran numerosas peticiones de presupuestos que acaban en nada y merman las fuerzas, también tengo que lidiar con el deporte nacional del regateo o el comparar, también tengo que ajustar conceptos y tratar con clientes nerviosos, también me siento insegura y pequeñita muchas veces… pero cuando todo esto sucede, intento respirar hondo y recordar porqué estoy dónde estoy, recordar que vivo gracias a que hay gente que sí valora el diseño floral y qué es lo que yo elegí, aunque a veces quisiera tirar la toalla, como todos.

No hay que olvidar que, a pesar, de trabajar con un material lleno de encanto como son las flores, seguimos en el mundo de los humanos y como tal puede haber muchos desengaños o encontronazos. Como hemos comentado antes, hay mucha competencia y dónde algunos vemos que cuantos más seamos, mejor para el sector y para crear cultura floral, muchos otros piensan que los “nuevos” les van a quitar el trabajo y hay menos compañerismo del que cabría esperar. Soy de las que piensa que el mundo es muy ancho y somos muchos, evidentemente que me importa lo que piensen los demás pero no por esos pensamientos negativos de otros tenemos que dejar de hacer lo que nos gusta y menos si lo haces con amor y sin hacer daño a nadie. Buscar tu tribu y tener colegas florales es muy importante. Nadie mejor que un colega de profesión puede entender tus miedos, los nervios, la euforia o el cansancio que nos supone esta profesión y nadie mejor que un colega floral para apoyarse mutuamente, compartir ideas, información, proveedores o una buena tarde.

¿MIEDO, NERVIOS, EUFORIA Y CANSANCIO?

 

Sí, así es. No es fácil.

En la gran mayoría de casos, esta profesión puede absorber tu vida.

Diseñar para un evento o boda requiere mucho tiempo de preparación, interminables horas de mails, búsqueda de material, pruebas, ajustes, más mails, pedidos varios y todo ello se debe hacer teniendo en cuenta que la flor es un producto perecedero y responde a temporadas, adversidades climatológicas, plagas, transporte en frío, largos viajes, proveedores, entregas, etc. La parte de gestión y logística puede ser abrumadora y cuando, por fin, llegan las flores, tienes los jarrones y todo el material técnico que necesitas, tienes un tiempo muy limitado para poder diseñar. A veces hay dos días para diseñar y otras tan sólo unas horas.

Debido al poco margen de tiempo con el que contamos es imprescindible tener un buen equipo de floristas. Es habitual trabajar unos para otros y ayudarse en todo lo posible. Yo, que hago muchas bodas fuera de Barcelona, tengo que contar con otra gente para recibir pedidos, para conseguir material y sobretodo para trabajar el día del evento. Yo no concibo poder llevar a cabo bien un encargo sin un equipo profesional a mi lado.

SÍ QUIERO SER FLORISTA

 

Así que creo que estas son varias de las cosas a tener en cuenta si estás pensando en convertirte en diseñador floral, que no todo es un camino de rosas y que lo que alguien algo quiere algo le cuesta. Prepárate para trabajar en proyectos preciosos y con flores maravillosas pero también prepárate para pasar noches en las que sueñas con colores y cantidades, días llenos de mails, de llamadas, semanas en las que a veces no tocas ni una flor, dolores de espalda, sprints constantes y un sin fin de adversidades. Pero si lo tuyo son los retos, sí te gusta que cada día sea diferente, si te gusta crear belleza, si te gusta aprender continuamente y disfrutas enormemente con las flores, no hay mejor profesión que la de diseñadora floral. Yo no lo cambio por nada.

Espero que este post haya ayudado a alguien a clarificar dudas y, repito que, hablo desde mi experiencia profesional que seguro que dista de la de otros floristas. Cada una hace su camino al andar pero siempre está bien sentirse apoyada y saber que si otras han podido tú también puedes.

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Foto de portada @serenamorandiphotography